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Ceceda, reseña histórica

Breve aproximación a una historia de Ceceda

Plantear una aproximación a la historia de Ceceda debe partir de tres premisas:

  • La realidad histórica de Ceceda está de  ligada inevitablemente  a la de los territorios del concejo de Nava (y también de Piloña y Cabranes) y más tarde a la de Asturias y España.
  • Las dificultades que derivan de la escasez de fuentes y documentos, libros e investigaciones implica que sólo es posible esbozar pinceladas fragmentarias, escuetas anotaciones y apuntes, referencias dispersas, hipótesis y especulaciones que intenten completar  las enormes lagunas que acompañan  a las escasas certezas que nos ha dejado la profundidad y lejanía de los tiempos remotos y la ausencia de fuentes de conocimiento suficientes.
  • El esfuerzo y el sentido de intentar recopilar y recuperar la historia, tradiciones, costumbres, personajes y cultura de Ceceda se justifica en el interés de que de las generaciones que conviven en este arranque del siglo tomen conciencia de la necesidad de conservar la memoria de sus antepasados y la necesidad de  proteger el patrimonio cultural y natural escabechero para construir un presente mejor.

1.- Tiempos prehistóricos y antiguos

De la presencia humana en  tiempos prehistóricos en el territorio de Ceceda nos quedan como referencia los yacimientos, restos fósiles e instrumentos líticos encontrados en las excavaciones y lugares mencionados en las fichas arqueológicas del Concejo de Nava. Las piezas líticas encontradas, lascas y útiles tallados – casi siempre en cauces fluviales, encontrados en yacimientos al aire libre, por lo que no hay información estratigráfica y la precisión cronológica es escasa- son hallazgos de carácter esporádico  que estarían relacionadas con las actividades depredadoras de los pobladores del Paleolítico superior, habitantes de cuevas, cavernas y refugios. Túmulos como el de la Quinta o La Pucherina estarían vinculados tal vez a comunidades neolíticas y creencias de ultratumba. La mejora de las actividades agrícolas  y cambios culturales que supone  la aparición de la metalurgia (Bronce y posteriormente hierro) en los dos últimos milenios antes de Cristo  quedaría registrada  en el  lote de hachas  de bronce de Pruneda – hachas de talón, actualmente en el Museo Arqueológico Nacional- y en el castro de la “Coroña de castru”:

“Todos los habitantes de las montañas son sobrios: no beben nada, a no ser agua, duermen en el suelo y llevan cabellos largos igual que las mujeres, aunque para los combates ciñen su frente con una banda. Los hombres van vestidos de negro, llevando casi todos ellos el sago, con el que duermen en sus lechos de paja; utilizan vasos labrados de madera, como los celtas, y las mujeres llevan vestidos con adornos florales.»  Estrabón

Hacha de talón de dos asas de tipo bretón de la Edad de Bronce del estilo de las encontradas en Pruneda

Inscripciones (lápida  de Cuenya), monedas  encontradas a finales del XIX y algunos restos confirman la hipótesis del poblamiento del territorio de Nava y Ceceda en época romana. Es posible que ya entonces las aguas de Fuensanta fueran utilizadas por sus propiedades medicinales.

Monedas romanas

2.- Edad Media

A comienzos de la  Edad Media  la historia   de estos territorios se vincula a la formación del reino de Asturias, a un primitivo poblamiento aldeano y a una agricultura de cereales y frutales. Encontramos ya alguna documentación específica, con la aparición de nombres de lugares del concejo. Se trata de una interminable sucesión de acontecimientos entre los que destacamos donaciones y cesiones, otorgacion de heredades, fundaciones de monasterios – el de San Bartolomé de Nava-, creación de cotos,  poder de  la nobleza local  amparado por el poder regio – primero en la familia de los Álvarez de Asturias y más tarde en  las de Nava y Noreña. Pero sobre todo. la concesión de una  Carta Puebla y Fuero al territorio de Nava –semejante al de Benavente- por el rey  Alfonso X en 1270 dotará de entidad jurídico-administrativa al territorio Este privilegio de villazgo –incluido el de celebrar mercado semanal los sábados- será confirmado posteriormente  por Enrique IV en 1458 prueba de la necesidad de delimitar la competencia de las diferentes jurisdicciones medievales en conflicto: la eclesiástica, la nobiliaria, la real y la concejil. De la parroquia de  Ceceda dedicada a San Miguel, hay noticias en los siglos XIII-XIV y se cita en el inventario de Gutierre de Toledo (1385). Alguna fuente menciona  la posibilidad de que Doña Jimena, la esposa del Cid fuera natural de Nava.  Estas serían algunas circunstancias destacables de un  lejano medievo.

Inscripción del palacio de Alfonso III en el Museo Arqueológico de Asturias

3.- Tiempos de la Edad Moderna

La  denominada Edad Moderna  comienza en el siglo XV con una familia. La casa de Nava, que empieza a destacar y que tendrá continuos enfrentamientos con otras Casas para obtener su hegemonía sobre estas tierras. Los monasterios de San Bartolomé de Nava y Santa María de Villamayor son anexionados por el monasterio de San Pelayo de Oviedo.

Escudo heráldico de la casa y solar de Nava, una de las familias nobiliarias con más antigüedda de Asturias

Hubo diferentes focos de lucha entre el coto eclesiástico y la Casa de Nava, siendo el propio corregidor el que pusiera freno a estos enfrentamientos, aunque los problemas continuaron durante los, durante los siglos XVI y XVII. Hay constancia de revueltas y enfrentamientos motivados por los conflictos jurisdiccionales y señoriales propios del Antiguo Régimen de los reinos peninsulares y europeos. La población esencialmente campesina de entonces tendría que afrontar estos  enfrentamientos –en ocasiones armados- al mismo tiempo hambrunas y epidemias. Parece ser que la población fue diezmada por una importante peste a mediados del siglo XVI. Nada extraño que esta circunstancia  se repitiera con frecuencia. Se considera que Ceceda fue un gran centro económico en el siglo XVII: a esta época se atribuye la construcción de la capilla de Santa Lucía y el puente medieval que la une con su Vega.

Capilla de Santa Lucía del siglo XVII

En el siglo XVIII datamos la fundación de la Cofradía de la Virgen de Carmen. También  tenemos algunas referencias  a  Nava y Ceceda en el Catastro de Ensenada (1750_1754). En los montes comunales se refiere una cabaña ganadera –preferentemente  de ganado vacuno y ovino, pero también consta cabrío, caballar y colmenas- y en los valles sembrados cercados dedicados al cereal, la escanda, el maíz y las alubias que junto con los productos de las huertas familiares aportarían la alimentación básica.  Las Respuestas Generales para formar el catastro llamado de Ensenada permiten también conocer cuáles eran las características del trabajo de los artesanos y de las manufacturas a mediados del siglo XVIII. El catastro enumera también 35 molinos harineros de los cuales 7 estarían en Ceceda y otros oficios e industrias artesanales como herreros, carpinteros, canteros, tejedores y sastres, madreñeros, cesteros. Pero destaca  en Ceceda la existencia de cinco hornos de “cocer ollas” que pagaban por diezmo “de diez una, sean grandes o pequeñas las que se fabriquen”. Sobre esta tradición  de producción de ollas de barro en Ceceda hay referencias de que ya en el siglo XVI llegaban a Oviedo. Y tras el Catastro de Ensenada (1750_1754) que como vemos recoge este oficio, Tomas López (1789) habla de fábrica de loza muy antigua en Ceceda, Jovellanos, en 1791, describe brevemente la producción de estos utensilios y Madoz (1850) alude a una fabrica de ollas de barro, que está en decadencia… (veáse los alfares de Ceceda)

Referencia a Ceceda en el Catastro de Ensenada. Se pueden ver las respuestas generales de Nava microfilmadas en la página web del Ministerio de Cultura

Para finales del siglo XVIII, tenemos el importante testimonio en los Diarios de Jovellanos (1790-1801). De  las observaciones que el ilustrado asturiano hace de las actividades  productivas de los pueblos asturianos podemos inferir algunas nociones de las actividades agrícolas y ganaderas y de las “industrias rústicas” asociadas. La plantación de una gran variedad de clases de  manzanos, de los que se obtenían las manzanas que, aunque se podían consumir  crudas y asadas, se utilizaban «principalmente para sidra» que se conservaba en toneles; la cría de cabezas de ganado vacuno y también ovino y  cabrío; la tradición de “ricos y regalados quesos”; la manteca o mantequilla que, cocida y entripada,  podría llegar a venderse incluso en los mercados de Castilla y en Madrid;  los martinetes de cobre, en los que se fabricaba «toda clase de utensilios de cocina”; los «infinitos telares de lienzos y colchas ordinarias«, repartidos en las parroquias rurales ,especie de industria casera; los batanes de mantas y sayales fabricados también por los mismos campesinos para su propio consumo; fraguas para la fabricación de artefactos de labranza;  herreros para hacer  calderos, sartenes y cucharas de hierro; carpinteros, albañiles, sastres…y fabricantes de zuecos de madera y de almadreñas o «madreñas”.

Pero como hemos mencionado, la alusión directa que hace Jovellanos en sus Diarios  a Ceceda recoge noticias sobre la industria  alfarera tradicional de fabricación de ollas de barro: una «industria popular» típica, complementaria de la agricultura en la que «fabricaban sólo mujeres debajo de los hórreos y en las corradas de sus casas». Aunque la tradición oral se ha perdido y no quedan piezas de aquel arte artesano Jovellanos destaca tres notas curiosas: a) Son mujeres las únicas artesanas, b) Usan un antiquísimo torno de mano parecido al de Zamora (Carvallino, Pereruela), aunque con notas típicas que lo caracterizan; y  c) En sus transacciones usan aún el trueque: «las cambian (las vasijas) por hierro y frutos».  Era una cerámica de barro fino -de color amarillento- fabricada exclusivamente  por las mujeres debajo de los hórreos o en las corradas de sus casas mediante un sencillo torno con el que daban forma a vasijas de  diferentes formas y tamaños que luego eran objeto de trueque por frutos y objetos de hierro. Para seguir la pista de las peculiaridades de este trabajo artesanal, Pin  Ureta nos remite a los estudios de Pérez Vidal y José Manuel Feito. Su decadencia aparece constatada en el Diccionario de Pascual Madoz (1846). En los últimos años del siglo XIX y principios del XX, las nuevas industrias provocaron una crisis que la llevaron al borde de la extinción a la mayo parte de los alfares.

Edición de 1953 de los Diarios de Jovellanos (1790-1801) en los que se alude a la tradición alfarera de Ceceda. Alsa ha editado un libro y una página interactiva sobre los viajes de Jovellanos

Desde mediados del XVIII se incrementa también el  tráfico comercial con los municipios limítrofes y Castilla –existen censados arrieros que traen vino de Castilla-, se consolida la administración concejil y  de justicia –dos jueces, uno elegido por los nobles y otro por los labradores- y aparecen los primeros servicios sanitarios y educativos con un rudimentario servicio médico municipal  y una escuela de “primeras letras”. Perviven aún los cotos o enclaves señoriales como el de Tresali y La Vega y la población se incrementa hasta 614 vecinos en el concejo.  El nuevo siglo traerá cambios profundos que se irán manifestando lentamente en el territorio español, asturiano, naveto y escabechero.

4.- El siglo XIX

De la  historia con mayúsculas, poco sabemos de Ceceda del siglo XIX. Algunas alusiones circunstanciales al concejo de Nava durante la guerra de independencia, repercusiones de la supresión de jurisdicción y cotos señoriales, desamortizaciones eclesiásticas  y alguna noticia sobre alguna incursión carlista en Ceceda:

Durante la carlistada ( la tercera guerra carlista entre 1872 y 1876), Ceceda estuvo ocupada por las tropas del general vasco Pablo Sanz que tomaron Oviedo  y dejaron en Ceceda un destacamento para vigilar los lugares estratégicos desde El Cantón, el Campulotu y Solapeña”.

La revolución liberal y la industrialización que germinaban en el mundo urbano decimonónico tardarán años en llegar al mundo rural en general y al asturiano en particular.  Se articula el espacio y la administración pública local con  la incorporación de los cotos a la jurisdicción del concejo de Nava y la mejora de comunicaciones que luego veremos. La industrialización dejará poca huella en el XIX, la minería será marginal y la agricultura y ganadería son la base económica de un mundo claramente rural. Este hecho se refleja en las actividades  del mercado semanal de los sábados en Nava  en el que  predominan las transacciones de ganado, productos agrarios y artesanales (útiles de labranza  o cacharros de loza fabricados en los viejos alfares de Ceceda.  Durante el siglo más que industrias sobreviven los tradicionales molinos, batanes y lagares.

La tradicional  riqueza escabechera  ha sido la agricultura y la ganadería, el ganado vacuno, la manzana y la sidra, la pesca de trucha y anguila, la explotación forestal. A mediados del siglo XIX tenemos la radiografía  de  Ceceda que  Sánchez Miñano y Madoz  recogen en sus diccionarios y cuya información resumimos a continuación:

Ceceda o la feligresía de San Miguel de Ceceda  en la provincia y diócesis de Oviedo, partido judicial de Infiesto y Ayuntamiento de Nava que comprende además La Vega, la Faya, Fresnadiello, Lienra, Grandiella y Las Bisecas. Terreno desigual con libre ventilación, clima  propenso a fiebres, dolores de costado, erisipelas y reumas. Escuela de primeras letras con 80 niños y maestro de 900 reales de sueldo anual. Parroquia con un cura de segundo ascenso y de patronato real. Cinco fuentes de buenas aguas y dos paseos con arbolado. Una ermita con el título de Santa Catalina que nada de particular ofrece. Caminos transversales y malos salvo el de Santander a Galicia. El correo se recibe de Infiesto, tres veces por semana por balijero.  Terreno de buena calidad fertilizado por el río Pra en el que confluyen el de la ranera y el de Espinaredo. Producción de trigo, escanda, centeno, maíz, nueces, avellanas, miel, frutas y hortalizas; se cría ganado vacuno, de cerda y lanar;  caza y pesca de diferentes especies. Tres molinos harineros que se mueven poco por falta de aguas; y una fábrica de ollas de barro que está en decadencia. Operaciones comerciales de habas, avellanas y castañas e importación de géneros de vestir y otros necesarios. La población es de 60-100 vecinos y 300-450 almas.  Se cuentan 400 casas.

Desde mediados del siglo XIX será el balneario de Fuensanta el centro  dinamizador de la zona con servicio de carruajes y diligencias  que traían “agüistas” desde Oviedo. La actividad del balneario se incrementará en los años siguientes -con la llegada del ferrocarril a Nava y la construcción del apeadero de Nava- hasta su decadencia tras la guerra civil y su conversión desde 1968 en la actual fábrica de embotellado de aguas

A finales del siglo XX la llegada del ferrocarril (línea Oviedo-Infiesto hacia 1891) y la mejora de las comunicaciones  por carretera  vieja traerán lentamente los cambios de los nuevos tiempos.

5.- Ceceda del XIX al XX

En 1900 la población del concejo superaba los 6000 habitantes. Ceceda era una de las parroquias más pobladas. Los años que nos llevan del siglo XIX al XX – la época en la que nacieron nuestros abuelos, los de la generación del baby boom – son tiempos de cambios. Muchos de los que nacieron entonces tuvieron que emigrar y algunos fueron a hacer las Américas (ver Museo de Indianos). La situación precaria de gran parte de la población rural obligó a “hacer de la necesidad virtud” y muchos escabecheros tuvieron que compartir su amor a la aldea con la necesidad de emigrar: muchos partieron  a Cuba, a Méjico y Argentina para ganarse la vida.

La magnitud de los cambios de fin de siglo queda magníficamente retratada por Alfonso Rodríguez en las páginas que abre su libro sobre el Doctor Roel:

Se dice que una persona que hoy tenga más de 65 años vivió más cambios técnicos y más cambios en el acceso a bienes y servicios en su vida que otra que anteriormente hubiera vivido los quinientos años anteriores, tal es la cantidad de mejoras técnicas y de bienestar concentradas a partir de la segunda mitad del S XX. Sin embargo, durante el relevo entre los siglos XIX y XX, Ceceda vivió uno de los momentos más importantes de su historia. Por su ubicación privilegiada vio como la nueva Carretera Nacional pasaba al lado del rio Pra y después la vía del ferrocarril (1891) inauguraba el tramo Oviedo-Infiesto con paradas en Les Arriondes y Carancos»

 El tren fue la auténtica revolución en el transporte, el tren permitió transportar viajeros y mercancías en cantidades solo conocidas hasta entonces en barco, fue el tren el medio que acabó con las hambrunas periódicas, la última que cayó sobre España en 1887. El tren acercó en pocas horas de viaje a muchos asturianos a Oviedo y Gijón, dos pequeñas ciudades provincianas que en aquella época no llegaban a los 30.000 habitantes y el tren también podía cruzar la Cordillera, aparecer en la Meseta y llegar a Madrid, toda una aventura. Y es que en Asturias se iba antes a Cuba, Méjico o Argentina que a Madrid.

De finales de siglo es también la ampliación del alumbrado eléctrico, ya presente en ciudades y villas. Precarios tendidos eléctricos con cables de cobre al aire llevan a las casas la energía necesaria para alumbrar tímidamente las casas con bombillas de 15 W. Ceceda se abastecía de luz gracias a una turbina instalada en el molino de Basoreu».

Centenario Fundación Roel, Alfonso Rodríguez, pp. 15 y 16, 2009

De esta época, a caballo entre los dos siglos, coinciden además en Ceceda dos figuras cuyas obras significaron cambios tan importantes como la mejora de las comunicaciones y a los que debe Ceceda su configuración actual. Son los dos grandes benefactores del cambio de siglo: el Doctor Roel y D. Juan Antonio Llamedo.

El doctor Roel, benefactor esencial  en le historia de Ceceda

El Dr. Faustino García Roel (1821-1895)  nació casualmente en Ceceda y agradecido, en su testamento dejó una donación económica que sirvió para construir la traída de agua y el alcantarillado, equipamientos que hoy consideramos básicos pero que hace un siglo eran todo un lujo. Hoy la Fundación Roel administra este legado.

Otro de los personajes decisivos  fue Don Juan Antonio Llamedo, hijo de un modesto labrador de La Cueva, emigrado a Cuba y Méjico y ejemplo de indiano que logró el éxito con su esfuerzo y tesón.  A Juan A. Llamedo debe Ceceda la construcción de la Iglesia Parroquial y la Escuela tal como las conocemos hoy día. Compró el terreno y trasladó el cementerio hasta La Fontanina ( que se encuentra  a la salida de Ceceda, camino de la Cuesta y Pruneda) donde se encuentra actualmente. Además pagaba caja y  entierro a los indigentes de la parroquia.  También se le debe la  Plaza de la Rendona,  dónde se encuentra la casa de su familia, una gran casona de estilo colonial de inspiración modernista que llaman La Casa Nueva-  que también es obra suya: allí se encontraban  unos huertos que compró y acondicionó, plantando luego alrededor unas acacias para ser plaza pública  de esparcimiento de los vecinos. La verja de la parte posterior tiene el típico coup de fouet del Art Nouveau.

Placa conmemorativa a Juan Antonio Llamedo en la Casa Nueva

También  podemos mencionar a Adolfo Fernández Vega   que nació en Infiesto en abril de 1857 y cursó la carrera de Medicina en la Universidad de Madrid, en la que se doctoró con la tesis Neumonías. En 1899 realizó la especialidad de Oftalmología y regresó a Oviedo, donde ejerció su profesión. Sus últimos años los pasó en Ceceda, donde contribuyó en varias mejoras del pueblo, entre ellas la donación de terrenos para la instalación del depósito de agua. Fallecido el 12 de mayo de 1936, En su memoria se instaló en 1955 el busto  -de Víctor Hevia- que está en la plaza que lleva su nombre a la entrada de Ceceda. Sus descendientes, son los Fernández Vega, una familia de oftalmólogos que tienen su casa en la parte alta del pueblo (El Campulotu)

6.- El siglo XX

En  aquel mundo rural de la época de la Restauración (Alfonso XII, Regencia de María Cristina y reinado de Alfonso XIII hasta 1931) con la que entramos en el siglo XX los escasos  cambios  vendrán con la mejora de las comunicaciones y, en el caso de Ceceda, con la incidencia de las donaciones de los benefactores mencionadas.  En la primera década del siglo XX se acentúa la emigración, principalmente hacia Cuba y Argentina. En 1908 se crea en Ceceda un sindicato agrícola con el objetivo, entre otros, de atender, según consta en los estatutos, a través de Bolsas de auxilio “ a los socios inválidos, ancianos y pobres( Andrés Martínez Vega, p.53). Los trabajadores asturianos forman entidades filantrópicas  no sólo en su provecho sino también para  prestar ayuda económica y educacional a  sus aldeas y municipios de origen. Tal ese el caso, por ejemplo, del  Club Concejo de Nava  (Instrucción, Recreo y Beneficiencia) fundado en La Habana en julio de 1913.

En los años veinte asistimos a una mejora de la red escolar. En 1918 sólo existían las escuelas unitarias de Ceceda y Nava, la primera gracia a al beneficiencia del Doctor Roel. Durante la Dictadura de Primo de Rivera y la República se crearon otras en Cuenya, Pruneda, Cesa y Tresali entre otros lugares

Para el conocimiento de al emocionante  «pequeña historia»  de la vida cotidiana de las  primeras décadas del siglo XX son esenciales los recuerdos de  infancia e investigaciones  de Pin Ureta. En realidad, más allá del costumbrismo y de la anécdota tenemos muy  poca  historia conocida de Ceceda durante  la República, la guerra y el franquismo. Tiempo de silencio, tiempo de sombras.

Durante la II República, en 1932 se levanta otro de los iconos de Ceceda que encontramos en el campo de la Iglesia: el  monumento conmemorativo a la memoria del Doctor Roel. La estatua, un busto encargado a Arturo Sordo, se financió con donativos populares y se inauguró el 10 de julio de 1932 con presencia del ministro de fomento Álvaro de Albornoz, las diputadas nacionales Margarita Nelken y Victoria Kent, el gobernador civil Alonso Mallot, el presidente de la Diputación Provincial Ramón González Peña y numerosos representantes del mundo de la medicina. De ese mismo año data la  placa conmemorativa a Juan A. Llamedo en la Casa Nueva.

Durante la guerra civil, Asturias, Nava y Ceceda quedaron enmarcadas en la zona republicana entre 1936 y octubre de 1937, fecha en la que estos territorios fueron incorporados al estado franquista que se estaba constituyendo.

La posguerra trae hambre, miseria, represión, mercado negro, racionamiento y silencio acompañando a la penuria económica. Hubo una larga  guerra, una posguerra aún más larga y una dictadura interminable.En  Ceceda en los cuarenta vinieron las obras de saneamiento y alcantarillado junto al afirmado de calles.

Con la  apertura de finales de los  cincuenta se intenta reactivar la economía con iniciativas como el cultivo de lúpulos para fabricar cerveza. Pero la sociedad rural no da para cubrir las necesidades de la población y muchos escabecheros recurrieron de nuevo a la emigración hacia las zonas industriales o mineras de la región, a la Europa industrializada y a Madrid y Barcelona. En 1958 se construyó una zona ajardinada junto a la escuela aprovechando la compra por parte del Ayuntamiento de un terreno en el Campo de la Iglesia para destinarlo a espacio público.

En los sesenta la canalización del agua se extiende a otros sitios de Ceceda. En 1962 se concede el agua al barrio de Ali. En 1965 se aprueba conceder el agua a Les Arriondes , Los Pontones Fresnadiellu, La Faya y La Trancada.

En los años cincuenta y sesenta el destino fue la ciudad, muchos fueron a Madrid. Desde entonces Ceceda se convirtió también en un pueblo familiar de veraneo. Los escabecheros siguieron emigrando a las ciudades en los años del desarrollismo,  pero muchos  vuelven en las vacaciones de Navidad, Semana Santa y verano con los que se quedaron (“vuelve, a casa vuelve por Navidad”…). Se produce un lento mestizaje entre lo rural y lo urbano. En los años de la infancia y adolescencia de los hijos del baby boom, hijos de escabecheros, escabecheros de sangre

Lo viejo y lo nuevo se solapan a través de lentos cambios en los sesenta y setenta. Una vara de hierba, símbolo de las labores campesinas y ganaderas escabecheras en una fotografía de los setenta

7.- Ceceda viaja del XX al XXI

Con la llegada de la democracia y las elecciones municipales de 1979. regresa el voto popular a la elección política. El silencio escasamente roto se ha convertido en garantía de convivencia en la que el olvido impide que nada salga a la superficie. La participación popular y juntas vecinales han permitido mejoras en servicios, infraestructuras y comunicaciones. El mestizaje de la Ceceda rural y emigrante con la urbana  que va y viene y los cambios de  estructura económica española casi han  hecho desaparecer  del carro, la tenada, la leche y  el hórreo y han traído nuevas formas de explotación agro-ganadera, industrias agroalimentarias turismo rural, construcción y actividad terciaria. Tambie´n nuevas formas de vida y mentalidades.  Para nuestra generación, la que nacimos entre los cincuenta y sesenta, entramos  en lo que podemos llamar la   memoria de la historia vivida. En 1982, recordamos como la selección argelina fue recibida en  Ceceda –donde se hospedaba el equipo de fútbol- con cohetes cuando venció a Alemania en el Mundial de fútbol. Desde entonces siguen pasando muchas cosas, algunas de la cuáles merecen ser recordadas y están quedando y quedarán recogidas en la web y en el blog escabecheru. La pequeña y la gran historia,la de los que vienen y la de los que se van, la de todos.  La vida escabechera se revitalizó con la llegada del  Mercáu astur, que desde 2001 a 2010 se convirtió en una memoria de nuestro pasado. En 2009 fue declarada fiesta de interés turístico regional, El pueblo se  transformaba en esos  días  recuperando retazos de la antigua vida rural; artesanos trabajando en su oficio, vendedores de productos, puestos de comida, pasacalles, música tradicional, danzas, juegos infantiles y muchas más actividades en el Campu la Iglesia.  Durante un par de días volvía  la indumentaria del traje campesino, las tradiciones. “la llingua”  diversiones, juegos  y cuentos que evocabann, entre gaitas y tambores un bucólico pasado rural y artesanal perdido y revivido entre  cuélebres, gaitas y tambores.

Cartel del Mercáu astur de Ceceda de 2004

Y así llegamos a la Ceceda actual, la del siglo XXI. Una Ceceda con poca natalidad en la que nos abandonan poco a poco los más mayores y la ilusión, como siempre, reside en los más jóvenes. Un pueblo que sigue haciendo historia y generando noticias. Una Ceceda  menos poblada y más envejecida, pero que l de alguna manera lucha por recuperar su latido, porque es  la aldea de nuestros antepasados, un pueblo irrepetible, maravilloso en el que un carreterín simboliza la subida al paraíso y “La Fontanina”, nuestro cementerio, el sereno reposo de la nostalgia de todos nuestros seres queridos, los de la gran familia extensa escabechera.  El espíritu de la Ceceda eterna que llevamos en el corazón.

FUENTES Y DOCUMENTACIÓN

Esta aproximación histórica a Ceceda se ha realizado a partir de la información -véase  Documentos para la Historia- encontrada en  diferentes blogs y webs en la Red, en algunas fuentes clásicas que se refieren a Ceceda como las de Jovellanos, Sebastián Miñano, Pascual Madoz,  en los libros parroquiales que aún se conservan en la rectoral de nuestra parroquia, en obras de indagación como las de Pin Ureta, Alfonso Rodríguez, Andrés Martinez Vega, Saúl Torga Llamedo-,  en algunos libros de viajes como  los de Manuel de ForondaDe llanes a Covadonga (1893)- o  de Juan Antonio Cabeza, en noticias  diversas y artículos como los de Leocadio Redondo, cronista oficial de Nava o la periodista Mariola Menéndez, en las fichas arqueológicas del concejo de Nava de Ramón Fernández Rañada y en las siempre efímeras y frágiles –si no somos capaces de registrarlas y fijarlas a tiempo- fuentes orales.

Para saber más…de nuestra historia inmediata

Hemeroteca de El comercio. Noticias recientes de Ceceda

Boletín del escabecheru.org

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  1. Ana Soledad Meroño Moreno permalink
    6 de noviembre de 2014 1:38 pm

    Estimados escabecheros,

    les escribo porque estoy haciendo una pequeña investigación sobre un descendiente (político) del Doctor Faustino García Röel. Me gustaría poder contactar con Don Alfonso Rodriguez, Don Saul Torga, Don Gustavo Caso o alguien relacionado con la Fundación Roël (si sigue existiendo). En particular estoy interesada en documentación gráfica si es que existe.

    Muchas gracias.

    Atentamente
    Ana Meroño

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